17 feb. 2014

José Membrive, editor: Entre dos tiempos y la ciclogénesis sentimental



(Para Carmen Novo y su maravillosa familia. Con todo mi cariñoso agradecimiento).

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly…
telling my whole life
with his words,
Killing me softly,
(Roberta Flack)

Si cuento que al aterrizar en Vigo hasta la ciclogénesis formaba un nido frío, fresco, pero emocionante y acogedor, que a modo de carrusel jugaba con el avión, se me dirá que eso no tiene nada que ver con la Novela entre dos tiempos pero yo creo que sí porque como en Galicia naturaleza permanece fuerte, viva, también lo está su alma: la literatura.
Un día en Santiago me pareció ver que los sueños caminaban por las calles y en otro tuve la sensación de que en Galicia la muerte tiene un algo de dulzura y de que la morriña es el arte de confitar los dramas.
Y es que la tragedia no tiene por qué ser amarga. Podemos ser asesinados, al menos en Galicia, dulcemente como en la canción de Roberta Flack. Y esa es la sensación como lector de la novela “Entre dos tiempos”: que la pluma serena de la sirena Carmen Novo canta fragmentos melodiosos en los que uno queda enredado para siempre y cuando se da cuenta, todas sus convicciones han naufragado y ya no hay reparación posible.

Suavemente, Carmen Novo, nos va matando, nos va expulsando de los conceptos en los que nos guarecíamos para explicarnos a nosotros mismos la más decisiva dimensión humana, en relación con nuestra felicidad: el resbaladizo laberinto afectivo.
Clara Andrade y Ian Kook, como algunos otros personajes, se aman con la misma pasión que van destruyendo las mutuas convicciones que cimentan dicho amor. En esta novela no hay personaje sin drama, no hay amor sin contraindicaciones, hasta el odio parece fluir de un manantial de afecto originario que el personaje no supo encauzar.
Estamos ante una obra coral en la que el debate entre amigos puede remitir a los diálogos platónicos, resucitados por Juan de Valdés y más lejanamente a la ambientación de las églogas de Garcilaso, pero muy directamente conectados al humanismo renacentista que las generó.
Y tal vez sea ese el secreto del drama amable pero radical que vertebra la novela: la resurrección del clasicismo humanista como cosmovisión válida para estructurar, o mejor dicho, para reestructurar la vida actual.
La novela bien podría titularse: entre dos cosmovisiones. Y ahí está el secreto de su agridulzura. Hasta ahora el humanismo se había mantenido encerrado en los talleres de los artistas y en las torres de marfil de los creadores, pero ahora se está plasmando, filtrándose seductoramente en los aspectos cotidianos de la vida. Y el amor en clave humanista diluye las relaciones de dependencia y derrumba la parafernalia de cartón piedra que suele regir tanto nuestra vida como la de los personajes pincelados magistralmente en esta obra.
En la literatura gallega ha estallado una especie de ciclogénesis que fluye con dulzura corrosiva. Pero, claro allí se puede asumir, están acostumbrados a vivir entre borrascas sin perder la sonrisa. Los árboles de las hermosísimas calles céntricas de Pontevedra parecen cimbrearse de alegría ante la presencia de la tempestad, es más, a veces sueltan sus rosas para que sean degustadas por los labios del viento.

Allí se lo pueden permitir porque su naturaleza poderosa puede arrasar las convicciones y el mar aprovecha para inundar las plazas con su espuma blanca sin que pase nada.
Pero no estoy muy seguro de qué puede ocurrir cuando la ciclogénesis afectiva se traslade a otros territorios menos preparados. Lo que en Galicia es vivir entre dos tiempos, aquí puede serlo entre dos temporales.
Por lo pronto conozco a más de un lector que, a la primera ráfaga de hojas de esta novela, se ha quedado sin techo. Y esto es solo el comienzo. Más de un lector será dulcemente asesinado y tendrá que reinventarse su propia resurrección, porque eso sí, en Galicia la muerte y la vida, la tragedia y el amor, se fecundan en una danza cíclica e inmortal, como los sueños de los peregrinos.